Blog del Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de Valencia

Un hábitat saludable

Juan Manuel Chuliá Campos, arquitecto técnico, máster en Arquitectura Hospitalaria y presidente de nuestro colegio en los años 90, reflexiona en este artículo sobre el nuevo concepto de arquitectura sostenible que nos ha traído el confinamiento, revalorizando como nunca el espacio interior y la estimación del hábitat, y nos aporta algunas claves prácticas. “Se trata por tanto de dar una pequeña noción sin ánimo de marcar pauta”. 

Siempre que la vida nos plantea una situación no prevista, un viaje inesperado, un trabajo desconocido, un encuentro insospechado tenemos que hacer uso de un instinto propio de superación para hacer frente a ello, adoptando las medidas y los medios de que dispongamos para actuar y acoplarnos a ello. La situación tan trágica como insólita que estamos viviendo, donde la protección ante un contagio letal, nos obliga a reconsiderar nuestra perseverancia dentro de unos condicionantes más seguros y concretos con un aislamiento de seguridad. El paradigma de este nuevo camino podría ser, por ejemplo, en nuestro caso como profesionales del sector habitable, adecuar esos volúmenes y superficies a ser sostenibles y asépticos a la vez que con la técnica de la separación, planificar unos parámetros de distancia en la creación de espacios antivíricos a base de materiales inocuos al contagio, la convivencia dentro de la vivienda a partir de esta “nueva normalidad”, como aseveran los expertos, da pie a consideraciones reflexivas, a estudiar distribuciones donde la luz, la orientación y el ornato satisfagan nuestra convivencia familiar.

Un espacio de trabajo compartido donde se deben gestionar todas las actividades de limpieza, que a su vez sea accesible a la mayor parte de la sociedad que la va a utilizar. Era la hora de fomentar este nuevo concepto de arquitectura sostenible, estudiando reducir el impacto en el medio ambiente y mejorar las condiciones de habitabilidad de los ciudadanos, donde la Administración pública, el tejido social, empresarial, agentes sociales, económicos y políticos junto con las universidades marcan los ejes de actuación y acciones a desarrollar para una construcción más acorde con el cambio climático, cuando de repente irrumpe a nivel mundial un insospechado virus, obligándonos a preservarnos y confinarnos en nuestras viviendas, formando un escudo de protección y aliento de sobrevivencia ante el reto de un caos insostenible que nos envuelve.

Existen diversas fórmulas para adecuar la contingencia y los factores de riesgo, forzando a la reflexión sobre el derecho a una dimensión adecuada que pueda contrarrestar a las inclemencias del tiempo para proteger la salud de los usuarios conjugando una calidad de aire, que mantenga un confort acústico y térmico, ello se consigue con materiales accesibles e instalaciones adecuadas, que hoy en día la tecnología nos lo va imponiendo; tendremos que prever dentro de las limitaciones de espacio que cada vez hemos aquilatado dentro de un urbanismo concentrado, el poder expansionar y adecuar zonas descubiertas, tan necesarias para cohabitar como un elemento de despeje ante cierres concretos que nos comprimen angustiados en nuestro alojamiento permanente. En la vivienda debe de ser prioritario para la salud humana conseguir un habitáculo que proporcione bienestar, que no agobie ni agrave, con la máxima iluminación natural, temperatura interior y humedad relativa adecuadas y las condiciones acústicas dentro de lo que denominaremos límites de confort, sin que existan contaminantes de origen físico, químico ni biológico, las instalaciones no emitan contaminación electromagnética ni que tampoco desde el exterior o del subsuelo puedan inclusive incidir en una contaminación asociada a radiactividad.

La mayoría de los factores que envuelven el ambiente y nos pueden enfermar son invisibles y solo los percibimos y sufrimos desgraciadamente sus síntomas; levantarnos con cansancio, padecer dolores de cabeza, infecciones, tos, alergias, decaimiento y pesadez corporal…etc. Desde 1982 la organización mundial de la salud (OMS) lo tipificó como el Síndrome del Edificio Enfermo, donde inclusive puede conculcar aspectos depresivos violentos.

Nos ha dejado perplejos darnos cuenta de la vulnerabilidad del bienestar en que vivimos, ha bastado un extraño virus para perturbar nuestra tranquilidad, las mermas económicas provocadas por esta situación han lastrado las posibilidades de una energía creciente; como un retorno a un pasado maltrecho, que ha requerido “ un arresto domiciliario” menguando nuestra libertad y si nos centramos en nuestro quehacer profesional, deberíamos aportar la experiencia y conocimientos para hacer más útil y placentera nuestra vivienda, para adecuarla y acondicionarla como un bálsamo interno, frente al desplome de un exterior que nos ha sido temporalmente vetado.

Para la consecución de estos fines, entre los dos entes, el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España (CGCOM) y nuestro Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), que representan la autenticidad de construir y utilizar el espacio como un elemento habitable y saludable, es decir los que dirigimos la ejecución y ensamblamos los volúmenes de un contexto, podemos desde ahora ser receptivos de implantar unos cánones medicinales, impregnando a la edificación de una asepsia que nos receta y transmite quien tiene los conocimientos concretos, para conseguir la mejor calidad de su vida útil; los profesionales de la medicina en sus diferentes especialidades siempre han antepuesto a su vocación de llevar a cabo su trabajo; adecuar sus consultas y actividades en espacios saludables, en una atmósfera limpia con unas instalaciones donde priman materiales inocuos con acabados sin humectación ambiente, tonos de color afines al entorno ambiental y ejecutados dentro de una amplia idoneidad con el uso a que se destine.

En el orden y prelación de elementos y materiales que constituyen este nuevo concepto de sostenibilidad, siempre respetando el medio ambiente, es importante el reciclaje, la utilización de materiales inocuos que darán más eficiencia a la propia habitabilidad, tener la posibilidad de zonas ajardinadas, los sistemas constructivos y los materiales deben dar una mayor “vida útil” que evite la degradación del edificio. Las estructuras deben ser moldeables, afianzando espacios amplios, la utilización del hormigón y sus componentes no tóxicos posiblemente aligerados, las maderas encoladas, suelos pétreos y cerámicos, pinturas al silicato y a la cal, evitando la aparición de algas y mohos, bajantes con red separativa de polietileno y polipropileno, aceros galvanizados, tuberías protegidas de la corrosión, instalaciones registrables, aisladas térmicamente, sistemas de ahorro de energía, utilizar sistemas de control de funcionamiento, regulación automática, en iluminación con eficiencia energética y bajo consumo, preinstalación domótica de comunicaciones, aislamientos y recubrimientos sin transmisión térmica, etc.

Se trata por tanto de dar una pequeña noción sin ánimo de marcar pauta, ni de servir de Guía de Edificación Sostenible, editada desde 1999 por el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía). Los hogares difieren por la superficie que ocupan, la distribución de las habitaciones, la decoración y el modo en que son vividos. A pesar de las diferencias de calidad, hay funciones comunes, elementos que se repiten, unos son envolventes y estancos y otros de uso diario y movibles, nos marcan nuestro escenario cotidiano de utilización, pero la permanencia a que nos hemos visto obligados a mantener, nos ha permitido reflexionar y buscar unos hábitos más saludables en pro de una transición reglada, estamos asistiendo a vivir un tiempo nuevo, donde la casa adquiere un cambio de valor patrimonial.

Todo cambio me parece socialmente provechoso no más que por ser un buen cambio, en sí y por sí; cada día me corroboro más en la convicción de que el progreso consiste en el cambio, en la riqueza de sucesos nuevos… Es el resultado de la sostenibilidad, y cumple mejor ese cambio cuanto mayor es el número de elementos sostenibles se adaptan.“El modo de dar una vez en el clavo es dar cien veces en la herradura” (Unamuno 50, III: 667, publicado originalmente en 1906.

Juan Manuel Chuliá Campos

Arquitecto Técnico

Máster en Arquitectura Hospitalaria MAH

Colegiado 584 en CAATIE Valencia

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